Xhandú o biguié

Imprimir

Cambios en todosantos y otras tradiciones del Istmo

 

Los cambios en los grupos étnicos son permanentes, es claro que mientras estén más cerca de los centros urbanos, más rápido experimentan transformaciones que los asemejan a dichos centros. En el Istmo de Tehuantepec los cambios de la gente zapoteca de la región se han dado con un matiz que busca lo grandioso, lo monumental.

 

Cambios en las casas

 

No siempre estos cambios adoptados acríticamente, por imitación, son benéficos, sobre todo en localidades muy pobres, pues vemos, por ejemplo, como los Huaves o Ikoods cambian sus antiguas casas que eran todo un conjunto habitacional llamados Denk (sombra) de palma y madera, frescas, ecológicas y estéticas por antiestéticas y calurosas construcciones de cemento gris, frecuentemente sin repellar.

 

En ciudades grandes como Tehuantepec o Juchitán, las altas y anchas menos calurosas casas de teja de una o dos aguas, han dado paso a casas de dos pisos con techos de cemento. Es decir, estamos más ante un proceso de subyugación, del consumo de cemento, varilla y toda esa producción a gran escala, apoyada por la idea de tener mejor estatus, “moderno y progresista”, aunque mueran de calor. Todo esto es más producto de desinformación e ignorancia de los afectados.

 

Caluroso traje de tehuana

 

El traje de la mujer istmeña, conocido como “traje de tehuana” que inició como un simple enredo en los tiempos remotos, se fue haciendo más sofisticado y elegante, con rabonas mestizas durante la colonia. Hubo tiempos que para sus enaguas adoptaron telas sencillas y frescas, como la muselina de algodón originaria de Mosul, Irak, de ahí ese nombre, y fabricada en Europa en el siglo XIX.

 

La muselina era usada en Líbano y demás zonas del desierto, evidentemente la tela más apropiada a las altas temperaturas del Istmo de Tehuantepec, sin embargo en esa mencionada busca de lo grandioso a mediados del siglo pasado, en los años 50, las mujeres adoptaron la muy calurosa tela de terciopelo para sus trajes. Hoy las siguen luciendo y sufriendo majestuosas en sus grandes celebraciones. No obstante, esa región ha experimentado un notable mejoramiento de su nivel de vida e integración nacional; en el Istmo, el atrasado y conflictivo régimen de usos y costumbres casi ha desaparecido de sus elecciones municipales.

 

Xandú o todosantos

 

No podía ser distinto en eso de rendir culto a sus muertos, los sencillos Biguié zapotecas que vienen de los orígenes de la etnia, han sido casi sustituidos por grandes Altares católicos, otra manifestación del sincretismo religioso prehispánico y occidental de esta celebración: Xhandú es un concepto zapotequizado que viene de la palabra santo (todosantos).

 

El biguié, es un retablo de flores, sobre todo de cempasúchil y cresta de gallo, sostenido de manera vertical en la pared donde también se apoya la mesa del santo de la casa, puede ser de carrizo, de madera o hasta de un petate donde se suspenden las flores, frutas, panes, tamales… en el piso se colocan más productos, así como flores, velas y veladoras.

 

Los altares son de madera en forma de escaleras con nueve pisos que han desplazado en mucho al antiguo biguié. Son, además de más espectaculares, mucho más prácticos para colocar las ofrendas. Sobre todo cuando, como suele suceder, los fieles difuntos ya son muchos. Bisabuelos, abuelas, padres, hermanas… Hay espacio suficiente para panes, comidas, veladoras, flores, mezcal, cerveza, Coca Cola, Peñafiel, agua, cigarros… todo lo que le gustaba en vida al familiar esperado.

 

Últimamente los pocos biguié que se colocan y los altares en muchos casos son instalados por artesanas y artesanos dedicados a este trabajo, mujeres y muxhes que confeccionan adornos y arreglos florales, así como el diseño de las ofrendas (Foto 2).

 

Estas grandes ofrendas se colocan sólo en los dos primeros años de muerto el familiar, con matas de plátano y cuatro velas grandes en su honor (ver foto 3). Se colocan también un par de sillas a cada costado del altar. El día 2 de noviembre se colocan más velas en el piso, uno por cada difunto de la casa (ver foto 4). El adorno de la entrada de la casa es para llamar la atención y lleguen al velorio mujeres y hombres (foto 5).

 

En algunas casas aún se conserva la tradición de hacer los tamales ahí mismo con ayuda de vecinos y familiares, en otras ya los mandan a hacer con fabricantes de este producto. Las mujeres que llegan a visitar y dejar su limosna temprano se llevan dos tamales a sus casas y un pan bollo; los hombres tienen que comerse al menos un tamal en su estancia en el velorio. Hay café, agua de horchata o de frutas, cigarros y mezcal; algunos ya empiezan a dar cervezas.

 

Diferente a los demás pueblos, en Juchitán la celebración de todosantos es en casa y no en el panteón. Asimismo, no es el 1 y 2 de noviembre sino el 30 y 31 de octubre, el primer día dedicado a los niños y el segundo a los adultos. Los novenarios son rezos que inician ocho días antes del xhandú, día 30 o 31, cuando se realiza el último, completando los nueve rezos .

 

El 2 de noviembre se llevan las flores del altar al panteón. El día 3 se levantan las ofrendas y son enviadas a quienes llegaron a acompañar en los rezos y a familiares. El altar permanece nueve días más, después del día en que se colocó, 30 o 31 de octubre. (C.Blas)