Santos Vera
La traición, un arma común desde siempre, sobre todo en las cúpulas del poder, para mantenerlo o para tener impunidad después de todas las tropelías que se cometan, en el caso del aún presidente de Tuxtepec Antonio “El gordo” Sacre Rangel no sabemos por cuál de los dos motivos anteriores o quizá por los dos se decidió a traicionar a su propio partido, el PRI y apoyar al PT, según él en secreto, según la mayoría abiertamente.
Tuxtepec.- Silvino Reyes Téllez y Fernando Bautista Dávila eran los precandidatos finales del PRI. Sólo uno quedaría como candidato oficial. Ambos habían celebrado su triunfo, cada quien por su lado y con su gente. Ambos esperaban el veredicto oficial de “arriba”, del Comité Ejecutivo Nacional (CEN).
Silvino iba apoyado por su compadre el ex precandidato a gobernador, ex senador y hoy flamante subsecretario de Sedesol, Eviel Pérez Magaña; Dávila de la mano del ahora Gobernador electo Alejandro Murat. Así era a todas luces.
Semanas antes ya todos sabían que el próspero empresario abarrotero era el elegido, Reyes Téllez, mientras que el empresario del ramo de refacciones automovilísticas, Fernando Bautista Dávila maquinaba un nuevo plan.
Bautista se rebela al PRI
Luego de hacer oficial el triunfo de Silvino. Un video saltaría a la fama en todo Oaxaca e incluso llegaría a otros rincones a nivel nacional, con un grupo de priistas que acudían al comité municipal en Tuxtepec a pedir su renuncia, entregar credenciales, playeras y gorras, porque el PRI no les había cumplido.
Todas estas personas eran los que Bautista Dávila había reclutado con su Fundación Humanitaria de la Cuenca del Papaloapan (Fhucup) en las diferentes colonias, quienes naturalmente lo apoyaban como candidato o lo que fuere y en cualquier partido.
Dávila se sumaría a las filas de otro que hacía la misma operación a nivel estatal, Benjamín Robles Montoya; con similar discurso y perfil se sumaron al PT y se hicieron aliados. Los dos se entendieron fácilmente.
La debacle PRIISTA-Evielista
Silvino Reyes, junto a su compañero de Fórmula y sobrino del edil, Gabriel Cué Navarro, navegarían unidos, haciendo campaña juntos. Una desangelada promoción con la mayoría de la cúpula priista tuxtepecana, élite dividida y un tanto alejada al proyecto político de su partido en la Perla del Papaloapan, Tuxtepec.
Todo empezó desde que Eviel Pérez no logró ser candidato a Gobernador. La inesperada noticia por ellos de que Alejandro Murat era el elegido les cayó como agua helada en la mayoría de priistas tuxtepecanos. La debacle había iniciado.
Sacre, 20 mdp pendientes
El ayuntamiento municipal, que ganó con las siglas del PRI, siempre se ha cocinado aparte. La Administración de Antonio Sacre Rangel se ha mantenido separado del PRI. Al partido le dieron por su lado y al tenor del cacicazgo de Sacre y su “Aquí se hace lo que yo digo”, se ha regido el municipio en los casi dos años y medio que llevan en el poder.
Sacre Rangel se erigió como candidato con una votación sorpresiva sobre el favorito, Silvino Reyes Téllez. Luego de soprender a éste en un evento en que el empresario abarrotero trajo a la mayor cantidad de personas, el otro, Sacre Rangel aprovechaba sólo para refrendar con la asistencia de todos que sería el alcalde.
Sacre Rangel heredará las deudas de su administración a la que le sigue, así lo manifestó él y su tesorero municipal, que dejarán un adeudo de 20 millones en pasivos pero que —se justifican, según ellos— dejó en su trienio el perredista de muy triste memoria José Manuel Barrera Mojica.
Sacre fue contundente al referir que se había esforzado en sacar adelante todas las deudas de su administración y no podía hacerse cargo de las atrasadas, olvidando que el ayuntamiento es una institución y la deuda pasó a ser de la actual administración, como pasará a ser de la siguiente.
Es un enigma si el Gordo Sacre no entiende eso o sólo finge demencia.
“Fer” Dávila al fin ganó
En cuanto a Fernando Bautista Dávila, antes de llegar a ser el electo, que había buscado todas y todas las había perdido en la mesa, por fin ganó una y buena. Claro con la traición y ayuda de Sacre Rangel.
Tres años antes, era un panista de hueso colorado. La fundación que formó, Fhucup, tenía a un hombre que se definió como “de pueblo”. Daba discursos en chinanteco; patrocinó un equipo de tercera división del futbol profesional y ya daba muestras de su interés en la política. Con su tienda “El Pistón”, que le valió el apodo con ese mismo nombre.
Llegaban las elecciones y Dávila se apuntaba como el candidato número uno por el PAN, desafortunadamente para ese año las dirigencias del PAN-PRD ya habían conformado una alianza, y desafortunado porque habían elegido que en Tuxtepec iría un perredista, ese era el convenio, para que en Oaxaca capital fuera un panista.
Dávila inmediatamente se pasó al PRI y se postuló como aspirante. No ganó, pero esa vez permanecería dentro del tricolor.
Los movimientos de Dávila
Después vendría una nueva agrupación, la Comisión de Enlace del PRI, en la que Dávila junto con líderes olvidados como Ramón Herrera de la CNOP, Gaudencio López y el dirigente estudiantil Bernardo Soriano Quiroz, recibirían impulso.
Con el lema de No a las imposiciones y manifestarse en contra de los caciques del partido, daban un aire renovado al PRI, una expresión que venía a bien en un partido que no se caracteriza por tener muchas tribus.
La Comisión de Enlace daría su primer golpe importante al tomar las instalaciones del comité municipal del partido y quitar a Eduardo Loyo Maza de la dirigencia, ahí quedaría como dirigente provisional Bernardo Soriano. Sin tener estos recursos, todo apuntaba a que los benefactores eran los empresarios Fernando Bautista Dávila y más arriba el ex diputado federal, Samuel Gurrión.
Dávila también fue precandidato para la diputación federal y para la presidencia de la Canaco, sin obtener esas posiciones. Su sino, hasta entonces, era la derrota.
2016, sucesión de gobernador
Llegaría el 2015 y el año en que ya iban dándose las designaciones. Los dos grupos de poder empezaban a tirar sus cartas. Los muratistas y los Ulisistas-Evielistas con su “Tiburón”, Eviel Pérez Magaña.
Dávila, nuevamente cambiaba de decisión, esta vez a poco tiempo de acercarse el proceso, decidía dar la espalda a los evielistas e irse con el precandidato Alejandro Murat.
Al quedar Alejandro Murat en la candidatura de unidad del PRI, Dávila hacía fiesta por adelantado y sentía segura su candidatura. Todavía días antes de que la dirigencia eligiera a Silvino, éste celebraba con encabezados en los medios locales como “Dávila, nuevo candidato del PRI”.
Siguen las traiciones
Luego vería que una vez le cerraban las puertas y entonces se cambió inmediatamente al PT, en las mismas circunstancias que Benjamín Robles se saldría del PRD.
Así, el chinanteco (que algunos señalan es más bien de chiapaneco) comenzaría su campaña como hombre del pueblo y con su discurso populista ganaría las elecciones en un afán un tanto desesperado por llegar al poder que tanto se le había resistido.
Pero Dávila tiene una sombra grande tras de sí, la de su mecenas el Gordo Sacre. Éste y su vinculación al gobernador electo muy seguramente lo conducirán pronto a engrosar esta historia de traiciones al abandonar al PT y a Cara Sucia. Al tiempo.
