TUXTEPEC, OAXACA.- Múltiples obras inconclusas o de cuestionada calidad, promesas de campaña incumplidas, pero sobre todo el endoso de la responsabilidad directa en la pérdida de la presidencia municipal que detentaba el PRI, son los saldos de la administración municipal encabezada por el edil, Gustavo Pacheco Villaseñor
Por todo lo anterior, para quien en algún momento sintió que la elección del 4 de julio sería mero trámite pues punteaba todas las encuestas, tenía control sobre las arcas municipales y el respaldo de la agrupación Democracia y Equidad –su brazo político, supuestamente con más de quince mil votos-, la suma y resta personal es todavía más desastrosa: no tiene en el horizonte cercano futuro político alguno. Es más, su suplente y presidente municipal electo ha lanzado una advertencia puntual: auditará centímetro a centímetro la obra pública de este trienio. Y de entrada hace un señalamiento directo: la planta tratadora de aguas negras, en las que existe una coinversión entre los gobiernos municipal, estatal y federal, que suman más de 86 millones de pesos, y que además se presenta como una de las magnas obras de esta administración, es defectuosa.
Peor aún, a principios de septiembre el edil en funciones reconoció que ni ésta ni el puente Tuxtepec II se concluirán debido a la falta de aportación federal del recurso comprometido. Es curioso, pero del mismo incumplimiento acusan a Pacheco Villaseñor los comités que construyen el Museo Casa Verde y la Estación de Bomberos. A ambos el edil les prometió casi un millón de pesos y es la hora en que no se los entrega. Ni se los entregará, diría el viejo sabio.
De cómo inició todo
Pacheco Villaseñor resultó electo presidente municipal a contrapelo de la voluntad del entonces Secretario de Obras Públicas, Eviel Pérez Magaña. Ese distanciamiento jamás pudo superarse. Es más, ahora resulta claro que la confrontación impidió la gestión de obras trascendentes para el municipio. Esto, sin lugar a dudas, impactó profundamente en el resultado de la elección para uno y otro político pues uno de los cuestionamientos más constantes fueron ¿qué podrá hacer Eviel como gobernador si como diputado federal y secretario de obras públicas nada trajo para su tierra? La realidad daba la razón a los escépticos y los resultados del cuatro de julio reflejaron que fueron mayoría.
Pero volviendo al tema de la abigarrada confrontación entre los tuxtepecanos, en la elección del candidato a la presidencia municipal fue público el encontronazo entre los dos personajes. Como se recordará Gustavo Pacheco amenazó con retirarse de la contienda a la diputación local si el candidato del PRI a la presidencia municipal no era el aún presidente del comité municipal tricolor Jesús Hernández. La medida hizo ver a Eviel Pérez como lo que era: un candidato débil, a quien ni en su tierra natal respetaban y mucho menos temían.
Pero, si lo que Pacheco buscaba era dejar constancia de su habilidad negociadora, a la postre quedó demostrado que aún entre la base priísta el desplante fue visto como un acto de soberbia. La consecuencia: se perdió el municipio a manos de uno de los que antes fue suyos. El ex priísta José Manuel Barrera Mojica; se dejó la diputación local en manos de la hasta entonces desconocida en el ámbito político Angela Hernández; y lo más importante en términos de sobrevivencia política, se perdió la gubernatura del estado. Todo debido en parte a la soberbia de Ulises Ruíz y Gustavo Pacheco, quienes impusieron a sus candidatos y en el pecado llevaron la penitencia.
Obras inconclusas y de cuestionada calidad
Hasta el cierre de esta edición las obras inconclusas y de mala calidad en el municipio eran muchas. La planta tratadora de aguas negras, el puente Tuxtepec II y el centro de acopio de leche en la comunidad de San Felipe de la Peña son sólo algunas de las obras que ya sea con mezcla de recursos o solamente con municipales están sin ser terminadas. En el caso de la planta tratadora –donde por cierto parte de la obra civil fue realizada por la constructora de Eviel Pérez-, el ayuntamiento trató de endosar la falta de conclusión a supuestos errores técnicos de la administración de Salvador Santos Sierra en la construcción de uno de los colectores. Recientemente, el ayuntamiento propaló la versión de que la planta sí se concluirá pero no se podrá echar a funcionar. La terminación no se había logrado, decía un boletín con informes del director de obras públicas Héctor Santiago, debido a que por las lluvias hubo inundaciones en los tanques receptores de aguas negras. Entonces, ¿será que una tercera etapa contemplará el techado de la planta o de plano, los proyectistas no contaron con que la región tiene elevados índices de precipitación pluvial? Todo puede ser, hasta que por pretextos como ese la obra pase a formar parte de la larga lista de obras inconclusas y elefantes blancos heredados por administraciones priístas: ampliación del hospital regional, la central de autobuses, la harinera de Valle Nacional y la chilera de Bethania.
En el caso del puente Tuxtepec II, el cual tendrá un costo de 86 millones 722 mil pesos, hasta el 4 de agosto el director de obras públicas, informó que sí se concluiría, pero esa promesa ha sido hecha durante los últimos 14 meses1. Por si lo anterior no fuera suficiente, son múltiples las obras de cuestionada calidad. Dos ejemplos visibles están en la repavimentación de la avenida Libertad, donde las lluvias evidenciaron un error técnico elemental: no se construyeron alcantarillas para el desagüe.
Promesas incumplidas
Además, está inclusa la promesa a los vendedores ambulantes de adquirir un predio para su reubicación. En buena medida, esta promesa fue la forma de administrar ese conflictivo tema. Tan es así, que la encargada del área, Carolina Fernández fue registrada como candidata a regidora y el dirigente municipal de la Unión General Obrera Campesina y Popular (UGOCP), Benjamín Tomás Miguel, suplente al mismo cargo.
Por otra parte, entre la ciudadanía se reclama a la administración de Gustavo Pacheco su falta de atención ante el deterioro de la avenida Carranza. Después de más de 15 días de presentada la contingencia, en el ayuntamiento aún se analizaba la posibilidad de intervenir. En el colmo de la desatención, hasta el cierre de esta edición, la autoridad municipal no había colocado un señalamiento que advirtiera del peligro que existe en dicho crucero.
Otro renglón que también causó polémica es el gasto exorbitante de esta administración para colocar una veintena de cámaras de video. Los cinco y medio millones de pesos no han representado una baja sensible en los índices delincuenciales. Cierto, la oficina de prensa ha difundido que las cámaras sí funcionan, pero se refiere a que están activas, encendidas, prendidas y el cuestionamiento ciudadano está en que no han servido –salvo prueba en contrario- para detener o procesar a un sólo delincuente. En esas condiciones, las cámaras no cumplen ni con el propósito de disuadir a los presuntos delincuentes. La prueba es que los robos de autos continúan en las plazas comerciales ubicadas a dos cuadras de donde están colocadas las cámaras. Además, apenas unos días después de inauguradas, desconocidos tiraron a las puertas del ayuntamiento una cabeza humana sin que existan registros en las famosas cámaras.
De esta manera, el gobierno municipal de la diferencia, iniciado hace casi tres años, languidece con más de cien despidos, con el futuro incierto para quienes sólo han sabido vivir pegados a la ubre del sistema y en medio de una amenaza que pone a temblar a más de uno: la auditoría.
