Cuauhtémoc Blas
Nuestro rumbo como sociedad oaxaqueña no podía ser de otro que el mayor caos y la mayor violencia. La máxima de que sin educación no hay civilización se cumple plenamente en nuestro estado. Gota a gota durante 35 años los seudo revolucionarios del Movimiento seudo Democrático del Magisterio de Oaxaca fueron destruyendo el sistema educativo estatal a cambio de obtener todos más dinero. Los dirigentes sus millones de pesos y la base sus miles. Más dinero para un servicio cada vez de menor calidad.
De esa manera hemos llegado a esta situación radical. Por todos lados la vida con esta dinámica se ha vuelto complicada; de suyo es difícil ganarse la vida en esta entidad sin industria ni algún crecimiento económico, y más difícil es ganarse ese sustento cuando se cierran aeropuertos, carreteras, calles, oficinas... Los bloqueos, cierres de carreteras y demás agresiones a terceros violentan todo: el derecho a la libre circulación, el derecho al trabajo, incluso a la vida cuando han muerto personas por no poder llegar a recibir atención médica.
Decir que aquí menos que en otras partes existe Estado de Derecho no es ninguna exageración; Oaxaca sobrevive inexplicablemente; sobrevive a pesar de sus gobernantes, de su iniciativa privada de iniciativa (ahora aferrada a la ubre del gobierno), de sus grupos de presión y de chantaje, de sus ciudadanos, vecinos, padres de familia, empleados, que reproducen fácilmente las verdaderas enseñanzas de los profes de la S 22 durante tres y media décadas: Cerrar la calle, la cuadra, chantajear como sus maestros.












