
Esta es la microhistoria de un pequeño universo: La Cuenca.
Muchas personas tienen reservas para visitar la Cuenca del Papalopan. Dicen que es un foco rojo de violencia. Se refieren al municipio más importante de la región y sus alrededores: Tuxtepec y los que parecen tener una gran actividad delictiva como podrían ser, más o menos en orden: Loma Bonita, San Miguel Soyaltepec -también conocido como Temascal-, Cosolapa y Acatlán de Pérez Figueroa.
La región es muy amplia. En ella convive un gran número de indígenas de los pueblos Chinantecos y Mazatecos. Es una zona a la que se valora por su abundante agua. Aun así, el crecimiento de la mancha urbana y la deforestación de hectáreas para uso ganadero, disminuyen su biodiversidad y la convierten en una zona de dos especies de pastos, para una o dos especies de ganado.
Luego están las grandes hectáreas de caña de azúcar; un negocio rentable para quien tiene más de cinco hectáreas. La mayoría de la clase pudiente tiene entre 50 y cien hectáreas. En tiempo de zafra, cuando es quemada la caña, se ven cientos de fogatas en el horizonte, lo adornan con un resplandor rojizo y humo oscuro que se eleva de manera abundante. La ceniza llega hasta la ciudad en forma de basurita negra, que al tocarla se deshace entre los dedos.
En el ingenio Adolfo López Mateos se realiza parte muy importante de la molienda y la producción de azúcar. Hay muchas dudas sobre las medidas ecológicas que la industria realiza. Sus chimeneas sacan grandes bocanadas de humo que se combinan a lo lejos con las de la ciudad industrial en donde está la Compañía Cervecera del Trópico.
Esta cervecera --una de las más grandes en el país, superada por dos más en estados del norte--, tiene su propia planta de tratamiento del agua que consume en su incesante y diaria producción de cerveza.













