.- Crónicas pandémicas. Fragmentos
Cuauhtémoc Blas
“Papá, dos compañeros ya no han entrado a zoom, van a reprobar”, me dice mi chato cuando un par de niños se ausentaron. Con mi hijo pequeño batallamos al principio, sin indicaciones de los maestros que estaban en las mismas, puestos a dar clases a distancia sin capacitación.
Al paso de los días las actividades mejoraron. Ni siquiera atinaron a pedirnos crear una cuenta de zoom. Bisoños pero exigentes, una falla a sus órdenes era suficiente para que cerraran el acceso al alumno. Por esos días un investigador de la UNAM aclaró que es muy distinto dar clases en el salón que a distancia. Poner al profe de un lado de la computadora y al alumno del otro, no sirve, sentenció.









