Cuauhtémoc Blas
A mediados de abril del año pasado se dio la muy anunciada renuncia del contador Jesús Martínez Álvarez a la importante Secretaría General de Gobierno de Oaxaca (Segego). Fue el sábado 13 de abril cuando decidió emitir su renuncia después de una accidentada estancia en el actual gobierno. Como también ya estaba anunciado —merced a los acuerdos, apoyos de grupos económicos y políticos— asumió ese cargo el prominente priista Alfonso Gómez-Sandoval Hernández. Con él llegaron cambios definitivos para el gobierno del “cambio” (léase como sinónimo de morralla).
Empero, no fueron cambios para bien, ni siquiera para que el aislamiento y bloqueo en que tenían al anterior titular de Segego terminara. Aún ahora el siniestro Juan Arturo López Ramos continúa como factótum del habilitado informalmente coordinador del gabinete actual, sobre todo en cuanto a los negocios con el erario se refiere, Jorge Castillo. Los cambios son muy buenos cuando son para mejorar, de otra manera no se entiende.
Pues con Gómez Sandoval de echó a la basura una adecuada política de respeto a la institución municipal y su artículo 115 constitucional; la intervención arbitraria y descuidada en las municipalidades llegó a extremos grotescos. Con la señora de múltiples partidos políticos Irma Piñeyro, primera secretaria general de este gobierno, inició una política de respeto a la institución municipal al no negociar con los grupos en pugna la ampliación del número de regidurías. Política que continuó con Martínez Álvarez. Se negociaban direcciones u otros cargos municipales menores, pero no regidurías.












