Hace tres años Joel Castillo no sentía nostalgia por el poder que dejaba como dirigente del sindicato de burócratas del gobierno del estado. Afirmaba entonces que su gallo ganaría en una proporción de dos a uno. Casi acertó en sus vaticinios, logró colocar al frente de su sindicato a un tal Bustamante, tan gris que nadie recuerda su nombre, títere sin pudor de Joel, marioneta sin pena ni gloria. Pelele.












