Cuando Mariano Santana era presidente de Juchitán no quería que la gente y en especial los campesinos de su organización, la Unión Campesina Oaxaqueña (UCO), lo vieran andar en una camioneta de lujo que guardaba celosamente en su casa. Entonces se decía orgulloso de ser y vivir en la Séptima sección y aparentaba -al menos por la vestimenta-, ser uno más de los humildes campesinos que lo seguían como líder.





Está claro que el magisterio no se apartará ni un ápice de la estrategia que tan buenos dividendos le ha dado en décadas de presión social: “se ratifica el Principio Táctico (sic) de movilización-negociación-movilización”, refrendaron en los acuerdos de su asamblea del 19 de marzo. Por el otro, también es evidente que el gobierno estatal no da visos de cambiar la estrategia seguida en los últimos meses: “improvisación-tozudez-improvisación”. Así las cosas, la posición de ambos bandos, mantienen como rehén a la sociedad oaxaqueña y, lo peor, cometen un atentado a los derechos humanos de cientos de miles de niños y jóvenes.






