Oaxaca, un tiradero
Cuauhtémoc Blas
No obstante la belleza de la ciudad de Oaxaca pocas veces se puede disfrutar la estética del centro histórico. Siempre hay algo que contamina visual o auditivamente. Generalmente son los maestros, los más numerosos y decididos que llegan a vivir largas temporadas en sus casas de campaña al zócalo de la ciudad.
También los de Antorcha Campesina, se instalan meses con sus pintas y su ruido. La gente de Copala, los triquis ya tienen casi carta de residencia. Esa etnia parece que nunca tendrá paz. Pobladores cuyo carácter es contrario a dicha paz, donde eligen como dirigente o autoridad al tipo más violento y si es posible sanguinario.
El centro histórico de Oaxaca es escenario donde dirimen sus disputas, enojos y venganzas, los ex gobernadores peleados a muerte por el poder que ya tuvieron y que buscan volver a tener a través de alguno de los suyos, Murat y Ulises. Diódoro Carrasco logró volver con el actual pero ya ni se ve. ¿Acaso sólo es el orgullo de retornar de alguna manera?









