Las fiestas de la Guelaguetza, su desorganización, su dinámica provinciana, su falta de planificación, su carencia de estrategia, su improvisación, su índole caprichosa al arbitrio de los funcionarios de turismo estatal, son prueba papable de que nada ha cambiado en este nuevo gobierno llamado del cambio.
Con la alternancia en el gobierno en 2010 se esperaba mucho, un gobierno de transición que realizara cambios y reformas que desmontaran el estado autoritario. Con una mayoría en el Congreso para impulsar esos cambios, sin embargo se ha desperdiciado tiempo y circunstancias.
Con la Guelaguetza prosiguió la inercia del autoritarismo. No sólo no se detuvo lo que los votantes a favor del cambio querían, la construcción del famoso adefesio, como le llamó Francisco Toledo, que es la velaria sobre el Auditorio Guelaguetza. Gasto millonario que de haberse detenido al iniciar el actual gobierno hoy no habría tanto desperdicio, pues la estructura no sólo inadecuada sino de mala calidad cayó al suelo a pocos meses de su culminación.
Los millones de pesos que entonces argumentó el actual gobierno no quería desperdiciar se incrementaron después cuando “una inusual racha de viento” derribó el armatoste. Minucias pues los tratos de la construcción ya estaban hechos por los nuevos funcionarios y contratistas. Lonas Lorenzo, la empresa traída por los funcionarios actuales culminó la velaria con tan mala calidad que no dejó duda de lo oneroso y sobrado del pago millonario, finalmente más de 106 millones de pesos fueron dilapidados en el “adefesio”.
Imposición y autoritarismo continúan; la imposición a rajatabla del llamado distribuidor vial de Cinco Señores, al puritito estilo Ulises Ruiz es otra muestra, en contra de la oposición fundada de la sociedad civil que mostró las inconsistencias de esa obra improvisada, sin un plan de desarrollo urbano ni proyecto vial donde se inscriba y justifique.
Los próximo Lunes del Cerro, 23 y 30 de julio, los funcionarios responsables del espectáculo, de Obras Públicas y de Turismo, se juegan un albur: que no llueva pues la lluvia los pondría en evidencia ya que quienes han estado ahí dicen que lo que quedó de la velaria nada los cubre; y que no caiga esa otra parte de la estructura que queda en pie. Sería catastrófico.
Todo al azar, con el antecedente que lo mismo dijeron de la velaria al concluirla y que tendría una duración de varias décadas. Así es casi todo en este gobierno, durante el primer año no hubo Comité de Planeación del Desarrollo (COPLADE), el órgano sin el cual ni siquiera se pueden justificar los proyectos. Con eso se ilustra el tamaño de la improvisación.
De un gobierno eficiente se esperaría que la más grande fiesta y turística de Oaxaca tuviera calidad, pero seguimos en la improvisación y provincianismo de siempre, al arbitrio de los administradores sexenales que llegan con pocos conocimientos pero mucha soberbia a querer cambiar lo que no les gusta y entran en conflicto con los grupos de folcloristas y danzantes, violentando la participación de la delegaciones de la regiones en la fiesta, como se ha dado este sexenio con las Chinas oaxaqueñas, Tuxtepec, Costa, Istmo y otras.
Hace falta un Comité Organizador que aun incluyéndolos trascienda a los funcionarios sexenales, que se realice una moderna planificación de la Guelaguetza para que deje de ser una fiestota de pueblo grande y logre ampliar tanto sus beneficios culturales como económicos a los oaxaqueños, y por supuesto de mayor interés y bienestar para los visitantes. La peor noticia que tenemos es que sigue siendo una carga para los oaxaqueños, al costar 10 millones de pesos al erario (según la información siempre poco confiable de autoridades de Turismo estatal). Aunque esperan recuperar buena parte en las taquillas habrá que ver cómo responde el público al incrementarse demasiado el costo de la entrada ahora a 600 y 800 pesos, amén que persiste el regalo de boletos para llenar los espacios, sobre todo por las tardes-noches.
El Comité Organizador del Festival Internacional Cervantino es un buen ejemplo de organización que atrae apoyos del gobierno federal con CONACULTA, gobiernos del estado y municipal, Universidad de Guanajuato e iniciativa privada, lo que resta impacto en el erario estatal y permite la estupenda organización del Festival más internacional del país.
Hoy el gobierno de Oaxaca celebra 80 años de Guelaguetza (no exactamente pues inició como otra cosa) con la misma visión localista con que nació de manera natural, pero que debió mejorar y ampliarse con el tiempo, aunque sí con serias desviaciones y mistificaciones que la desvirtúan cada vez más. Sobre todo, con la continua pérdida de recursos del erario sin que promueva el arte y apoye a los artistas como sucede en Guanajuato. De la Iniciativa privada sólo de Telmex y Coca Cola se nota abrumadora presencia, pero no se sabe cuánto pagan por su contaminación visual. La transparencia es otra de las carencias. La pregunta es ¿Hay algo qué celebrar?









