Lo que dijo y lo que sugirió Sergio es demasiado, pues además de las tres casas que señala como propiedad del gobernador —“La casa blanca” de San Felipe, la de Puerto Escondido y la de Polanco DF— que otros funcionarios de actual gobierno hayan construido sus casas cerca de la del gobernador supone la formación de un clan de paniaguados.
Es indudable que los recientes escándalos que han exhibido al gobernador de Oaxaca Gabino Cué como otro poseedor de una “Casa blanca”, surgió al calor de la disputa por la construcción del Centro de Convenciones de Oaxaca.
En el agarrón con los famosos pintores oaxaqueños Gabino y sus compinches en su gobierno de cuates perdieron por partida triple. Primero porque fueron exhibidos de autoritarios y ecocidas; segundo, porque ahora sí pelearon radicalmente con quienes en algún momento fueron sus amigos o al menos aceptaban su cercanía merced a ese mecenazgo tradicional de los gobernante a los artistas; y tercero porque finalmente se vieron forzados a dar marcha atrás a ese proyecto.
Las fotografías que circulan en la red del pintor Sergio Hernández con Gabino y otros, en situaciones de extrema confianza, muestran el alto grado de cercanía entre ellos, de ahí que el artista sostenga que la “casa blanca” de San Felipe sea del gobernador porque “he estado allí”. La soberbia del gobierno de cuates los llevó a la frívola decisión de clausurar la casa que el pintor construía en las cercanías de la playa nudista de Zipolite. Después de eso Sergio quedó liberado de ataduras amistosas para abrir fuego con estas graves revelaciones sobre el gobierno de cuates.
Lo que dijo y lo que sugirió Sergio es demasiado, pues además de las tres casas que señala como propiedad del gobernador —en Puerto Escondido y en Polanco DF las otras—que otros funcionarios de actual gobierno hayan ido construyendo sus casas cerca de la del gobernador supone la formación de un clan de paniaguados. Por cierto, en ese mismo fraccionamiento tienen casa los ex gobernadores Diódoro Carrasco y Ulises Ruiz.
La trascendencia de las revelaciones que ha impactado en la opinión pública nacional, donde cual sátrapa gobernador Gabino Cué y sus funcionarios viven en la opulencia mientras sus gobernados caen cada vez más hondo en la pobreza, aunque a los primeros no les importe o tengan ya un caparazón contra las críticas y repudio, habrá de afectarles necesariamente.
Ello porque si bien metidos en su burbuja de soberbia desoyen cualquier reclamo razonable, el amplio contexto que los rodea, donde hay poderes más amplios, los obliga a tomar consideraciones distintas a sus caprichosas decisiones de poder. Fue el caso de la decisión de cancelar la construcción del polémico Centro de Convenciones, que el gobernador Cué quería edificar al lado del hotel de su cercanísimo amigo, su secretario de Turismo José Zorrilla.









