A Salvador CabañasA pesar de sus expresiones de triunfalismo y suficiencia, el PRI se está viendo en este 2010 como esos equipos llaneros que entran a jugar un partido de futbol a la defensiva, con la intención de lograr al menos un empate, lo cual en estas elecciones no es posible. Alguien tiene que ganar aunque sea en la mesa.
Está visto que el PRI espera que la Coalición opositora entre los partidos PRD, PAN, PT, Convergencia y PANAL no cuaje, y si ésta se da esperará el tricolor a conocer finalmente quién sería el candidato de dicha unión de partidos por un par de imperativos que tiene el PRI de Ulises:
Para decidir quien será finalmente su candidato a gobernador; sí las cosas vienen no tan difíciles desde la oposición, podrá lanzar como candidato hasta a quien vaya abajo en las encuestas (Eviel).
Para impedir que alguno de los aspirantes priistas, uno de los cinco, sin contar, claro, al favorito del gobernador, Eviel Pérez Magaña, pueda sucumbir a la tentación de irse de su partido a la oposición. Por ejemplo, tanto PRD como PAN quisieran José Antonio Hernández Fraguas como su candidato. Pero también puede encajar en esta circunstancia el Senador Adolfo Toledo Infanzón.
Inmensos deben ser los afectos, compromisos o ideales comunes del gobernador Ulises Ruiz Ortiz y su delfín Eviel Pérez Magaña como para que toda la suerte de la sucesión de su gobierno se la juegue como si se tratara de un partido de futbol llanero, donde jugaran a ganar por default, por la inasistencia o no estar completo el equipo rival.
El gobierno siempre seduce a dirigentes de los partidos de oposición, no de otra forma se entiende el ridículo que hiciera el dirigente del PANAL en Oaxaca, Cristóbal Carmona, a quien sus jefes de México regañaran en público, en una conferencia de prensa, por su obstinación en no aceptar ir en coalición con los otros partidos y proponer a la mundialmente desconocida Irma Piñeyro.
Ahora el partido del gobierno está renunciando a usar sus propias fuerzas y se encuentra metido a fondo por impedir la alianza de partidos, despotrica contra ella y lanza a los suyos a desprestigiarla. No quieren adversario al frente, más que confiar en sus propias fuerzas, buscan, como nunca, la debilidad del de enfrente. Ignoran la máxima del Arte de la Guerra de Sun Tzu: “Los guerreros victoriosos vencen primero, después van a la guerra”.
Habilitar formalmente a seis aspirantes o “aspirinas” como el propio gobernador los llamó, para anunciar que se abría dentro del PRI un proceso democrático, fue a todas luces contraproducente para el gran elector. Excepto Martín Vázquez, a quien sólo circunstancias extremas y extrañas le harían ganar el partido, los demás aspiran realmente, algunos con mayores posibilidades.
Hablando de Martín Vásquez Villanueva, secretario de salud del gobierno del estado, vale la pena consignar una de sus anécdotas políticas. Este 9 de enero, día en que oficialmente festejara a las enfermeras, Martín esperaba al gobernador del estado, sin embargo éste le llamó para decirle que no acudiría, pero ya que estaban ahí otros aspirantes, como José Antonio Hernández Fraguas y Adolfo Toledo, le ordenó que a cambio esperaran la llegada de Eviel Pérez Magaña, su delfín. El mensaje no intentó ser más elocuente: que lo esperaran cual si fuera ya el gobernador.
Esperaron unos minutos, pocos, bromearon y de alguna manera despejaron su coraje, antes de decidir no esperar demasiado al delfín y entrar al auditorio sin él. Antes Martín Vásquez Villanueva deslizó: “Para qué esperar al rival más débil”. Todos rieron catárticamente. Eviel llegó cuando el acto ya había comenzado y hubo un aspirante que cruzado de brazos lo ignoró olímpicamente para no saludarlo.









