Friday, 08 de May de 2026
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Principio de autoridad en Oaxaca, pasado lejano

Análisis
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Las otras verdades

Eduardo Cruz Silva / APIM

 

¿Se imaginan una casa donde todos hacen lo que quieren? ¿Un lugar donde nadie tiene obligaciones ni derechos y nadie respeta a nadie? Ese sería el escenario de caos de una sociedad sin principio de autoridad. Para los que viven en el Estado de Oaxaca bien podría significar otra cosa, desde hace varios años Oaxaca es ese escenario en donde grupos minoritarios políticos, estudiantiles, sindicales o sociales hacen y deshacen a su antojo.

Se ha definido que el principio de autoridad es uno de los factores fundamentales que sustenta el estado de derecho y el sistema democrático, con pleno ejercicio de las libertades, pero también con estricto respeto al derecho de los ciudadanos a vivir en paz y con garantías para su integridad física y la propiedad. Los preceptos antes citados, por desgracia se han erosionado en Oaxaca a tal grado que ahora los vemos como parte de un pasado lejano.

La autoridad en un Estado de Derecho representa a la ley y a la colectividad, por lo que la ciudadanía está en la obligación de respetar a quien aplica las leyes y normas ciudadanas.

En la historia reciente de México y particularmente del Estado de Oaxaca, han surgido diversos movimientos sociales y políticos efímeros que al cumplir ciertos objetivos van desapareciendo. Lo anterior, no incluye la lucha democrática ni el perfeccionamiento de las instituciones que la sustentan, ese es un camino aún inconcluso de nuestra agenda como sociedad.

En ese espectro de movimientos sociales y políticos de Oaxaca, forzosamente tenemos que incluir el movimiento magisterial que nació como una rebeldía al control caciquil y corporativo que por muchos años mantuvo el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) con sus secciones sindicales.

El origen de ese movimiento político-sindical se gestó en la disputa por la democratización de su propia vida sindical, acceder a mejores salarios y otras demandas que a la lejanía del tiempo se ven ahora muy simples. Todo eso se esfumó para transformarse en un monstruo de poder que se autodenomina democrático, colectivo y solidario, pero que bajo amenazas ha sabido imponerse ante políticos, gobiernos estatales y autoridades educativas

 

S 22, ideales pervertidos

 

Pervertida totalmente en sus ideales, hoy la Sección 22, se viste de pueblo para salir a la calle a buscar solución a exigencias muy particulares. Vivimos en México la irrupción de minorías, que intentan imponer su voluntad a las mayorías. Para ellos, no existen los cauces institucionales, el respeto a las leyes, ni la búsqueda de acuerdos, los consensos, mucho menos sostener sus demandas en la razón. Sus métodos de lucha son: el atropello, la violencia, la defensa de derechos pisoteando el de terceros.

Es cierto que somos una sociedad imperfecta, que las instituciones que ha consolidado nuestro sistema democrático aún arrastran vicios y defectos, pero eso es lo que tenemos gracias al voto que emitimos. Quiérase o no, somos parte de un sistema político en donde los gobernantes tienen su mandato sustentado en el voto mayoritario que le otorgó la ciudadanía.

Dejar que fuerzas minoritarias o grupúsculos midan fuerzas con un gobierno legítimamente establecido es torpedear nuestro sistema político y sus instituciones. Visto está que la cordura y la razón no los acompaña, entonces es necesario que sin el uso de la fuerza (que en ciertos casos se puede justificar como lo establece la misma constitución) se les dé la espalda a aquellos que intentan con el chantaje y la protesta conculcar el derecho de las mayorías.

En el ensayo del investigador Jacobo Arellano Amaya, titulado “Aportaciones: Mirando el Movimiento Social en Oaxaca” enfatiza que La realidad del territorio oaxaqueño enfrenta factores adversos de índole social, económico y productivo, carencia de infraestructura para la producción, vías de comunicación insuficientes y deterioradas, descapitalización permanente, falta de fuentes de empleo, práctica de una agricultura de subsistencia en tierras empobrecidas o no aptas para la actividad, que arroja escasas o nulas opciones de sobrevivencia y un proceso permanente de migración

 

Oaxaca rezagado en todo

 

Como podemos colegir el Estado de Oaxaca, reúne condiciones de rezago en casi todos los sentidos. Factores que aunados al bagaje cultural de un pueblo multiétnico que ha enfrentado desde la colonia la explotación y depredación de sus recursos naturales, han convertido al oaxaqueño en un individuo inconforme y desconfiado acostumbrado a luchar diariamente por su subsistencia.

Sin embargo, el subdesarrollo de Oaxaca no puede justificarse en los factores antes descritos, otras entidades y aun países con peores condiciones por la falta de recursos, las peculiaridades de su orografía y ubicación geográfica han podido ofrecer mejores condiciones de vida a su población.

El factor que verdaderamente incide en el atraso de Oaxaca se debe principalmente a que las administraciones de gobierno no han logrado consolidar una estabilidad política y seguridad jurídica. Oaxaca, es una entidad de alto riesgo para empresarios e inversionistas, su constante efervescencia política y social no es nuestra mejor carta de presentación.

El estado de derecho es una condición para el desarrollo y eso no es algo que caracterice a nuestra entidad. Cítese como ejemplo que: Por décadas los oaxaqueños hemos padecido la impune agresión que anualmente acomete la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y nadie hasta ahora, a podido encauzar sus demandas sin afectar al resto de la sociedad y la educación de los niños y jóvenes.

Al igual que los trabajadores de la educación, muchos otros grupos políticos o sociales han convertido la protesta y la movilización en fuente de recursos afectando la vida económica de la entidad, principalmente de la capital oaxaqueña.

 

Oaxaca sin prestigio

 

Oaxaca ya padece de una mala fama en otras latitudes, de revoltosos y conflictivos. Cualquiera que haya salido a otra entidad puede dar testimonio de la imagen que proyectamos a nivel nacional, casi siempre es en sentido negativo.

El trauma que vive la sociedad mexicana desde el movimiento estudiantil del 68, provoca que cualquier intervención de las fuerzas del orden para enfrentar disturbios sociales se vea con ojos de represión, pese a que ahora existe la vigilancia de organismos defensores de los derechos humanos.

Ese miedo, es hoy el responsable que cualquier persona con el rostro cubierto y enarbolando cualquier bandera de lucha pueda actuar impunemente, agrediendo y pisoteando a otros sectores de la sociedad o instituciones.

Hemos señalado que la autoridad es fundamental para la cohesión social y las leyes establecidas por la sociedad incorporaron ese principio y éste se aplica a todas las disposiciones vigentes, desde la constitución hasta el más simple de los reglamentos existentes.

Todas estas disposiciones establecen derechos y obligaciones para los seres comprendidos en ellas, procurando defender los derechos de todos con la mayor justicia y equidad posible, aplicando el principio general que establece que los derechos de uno terminan donde comienzan los derechos de sus semejantes.

Todo lo anterior, ha sido trastocado en Oaxaca de una manera indignante y vergonzosa al entrar en una etapa en donde la impunidad de distintos grupúsculos vulnera de la manera más fácil el estado de derecho.

La sociedad hasta ahora ha aguantado todo, pero no es de dudar que empiece a buscar la justicia por su propia mano, la historia ofrece ejemplos de sobra.

Es tiempo que reflexionemos lo que somos y queremos ser como estado, para que en un futuro no lejano nos incrustemos en la dinámica de trabajo y desarrollo que viven otros connacionales. O si se quiere, simplemente ser una entidad normal como cualquier otra.

 
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