El origen de la crisis es multifactorial: variables exógenas de tipo económico y elementos endógenos que apuntan a un brusco reacomodo de la nomenclatura priista. Al interior de este partido hay sectores que no comparten el modelo reformista del Presidente, sobre todo con la privatización del proceso de valor del petróleo, el gas y la energía del país, pero también vetan un posible proyecto reeleccionista que comienza a permear en los altos círculos oficiales. La relación del Presidente con el PRI no es tersa.
Resumen Ejecutivo
AP 710/ Gerardo Nieto
Una compleja coyuntura con potencial para trastocar el inicio de la fase de implementación de la reforma energética está frente a nosotros. Un patrón de inestabilidad queda al descubierto en la concatenación de hechos como la masacre de estudiantes de la normal de Ayotzinapa, Guerrero; la ejecución de 22 personas en Tlatlaya, Estado de México, por efectivos militares; la irrupción de un movimiento estudiantil de amplio espectro; los asesinatos políticos de Gabriel Gómez Michel, diputado federal y de Braulio Zaragoza Maganda, secretario general del PAN, el primero en la zona metropolitana de Guadalajara y el segundo, en el Puerto de Acapulco; el cierre de colegios en los estados de la frontera norte por amenazas y extorsiones. A estos factores se agrega el incremento exponencial de los secuestros y la turbulencia financiera. Desde los sótanos del poder emergen fuerzas interesadas en el fracaso del Presidente.
El modelo reformista de Peña Nieto es un punto de inflexión: marca un antes y un después en la historia y en el proyecto nacional. La cantidad y el peso de los intereses involucrados exigen analizar parte de la crisis envolvente como una reacción de grupos y facciones que miran con reserva lo hecho por la administración del Presidente. “De pronto se acumulan los hechos violentos con implicaciones políticas” I, pueden estar conectados y tener como objetivo trastocar el mapa de ruta de la implementación de la reforma energética. El trato al movimiento estudiantil politécnico es la excepción y no la regla, sobre todo por su enorme utilidad política. La tesis de la desestabilización supone que hay “grupos priistas inconformes con el grupo dominante (y) están moviendo sus piezas explosivas en un tablero de familia” I I.
Priistas inconformes
El origen de la crisis es multifactorial: variables exógenas de tipo económico y elementos endógenos que apuntan a un brusco reacomodo de la nomenclatura priista. Al interior de este partido hay sectores que no comparten el modelo reformista del Presidente, sobre todo con la privatización del proceso de valor del petróleo, el gas y la energía del país, pero también vetan un posible proyecto reeleccionista que comienza a permear en los altos círculos oficiales. La relación del Presidente con el PRI no es tersa.

Un desencuentro registrado hace unos días así los confirma. Con motivo de la ley que obliga a los partidos políticos a postular por lo menos 50 por ciento de mujeres a los distintos cargos de elección popular que estarán en juego en las elecciones del próximo año, el Presidente, enojado por la manera en que la dirigencia de su partido ha esquivado el contenido de esta reforma, habría advertido a la dirigencia priista: “He sabido de algunas intenciones de ponerle trabas a la postulación de mujeres desde el partido. Quiero pedirles que no se equivoquen, no se les olvide que la iniciativa de la ley que les abrió los espacios a las mujeres es mía. Así que no quiero pretextos ni cosas raras. El 1 de septiembre quiero ver sentadas ahí en las curules al menos a la mitad de mujeres. Quiero que las postulen en distritos buenos y si es necesario las apoyen para que ganen. Si no les garantizan el 50% de espacios en la Cámara voy a mandarlas a todas de plurinominales. No me obliguen a tener que hacer las listas con puras mujeres” I I I.
Nomenclatura detrás de la ingobernabilidad
El desencuentro no es menor. No se trata sólo de candidaturas para las mujeres, sino de la evidencia de que en el PRI hay grupos que difieren del estilo y del proyecto del Presidente. En otras palabras, hay sectores de la nomenclatura priista que le apuestan al fracaso de Peña Nieto. Las manos de esta nomenclatura que opera desde los sótanos podría estar detrás de un esquema de ingobernabilidad. Sería un mecanismo para instalar el caos y un estado de tensión que, naturalmente, dificultaría operar la fase más sensible de la reforma energética: su implementación.
La descomposición es un hecho incontrastable y se hace más evidente justo cuando el secretario de energía, Pedro Joaquín Coldwell anuncia que en un par de meses iniciará la Ronda Uno. Es decir, la privatización del proceso de valor del petróleo y la electricidad del país. Hay dos instituciones donde se acreditan grupos que tienen reservas de este proyecto de apertura: el Poder Legislativo y el Instituto Armado. En la primera, llama la atención que más allá de votaciones unánimes en el PRI, haya legisladores de este partido que en silencio procesan su desconfianza con el proyecto del Presidente.
En el caso del Ejército, la disciplina militar no admite disidencias; sin embargo, una presunción es que, entre algunos mandos la pivatización del petróleo se considera un duro golpe para las fuerzas armadas que acompañaron al general Cárdenas en la histórica expropiación de 1938. El Ejército tiene una profunda raíz nacionalista.
En medio del caos, una crítica persistente surge como vector central contra el primer mandatario: que Peña Nieto es el espejo de Felipe Calderón. Por lo menos en el tema de seguridad, la situación podría incluso ser peor que la del sexenio pasado: “ los datos que arroja la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2014, del INEGI, son particularmente ilustrativos y alarmantes./ El delito de secuestro repuntó en 2013 al registrarse 131 mil 946 casos en el país, 26 mil 264 más respecto a 2012./ La incidencia delictiva de secuestros en 2013 fue de 110 por cada 100 mil habitantes es decir, el año pasado ocurrieron un promedio de 361 secuestros al día, 15 por hora ( ) el INEGI arroja la cifra de 131 mil 946 secuestros ( ) El fracaso de la administración federal en esta materia es estrepitoso”iv
El peor de los presagios
La desaparición de más de cuarenta jóvenes de la normal rural de Ayotzinapa, Guerrero, anticipa el peor de los presagios. Hay juegos de poder articulados a fuerzas locales y a circuitos oscuros de la política nacional que buscan trastocar la fase más sensible del modelo reformista. El régimen está administrando la crisis y al hacerlo muestra el rostro de lo que es. “Durante los 20 meses en que se procesaron las reformas estratégicas deseadas por el peñismo hubo esfuerzos extraordinarios, con la Secretaría de Gobernación como eje central para evitar que actos de represión llegaran a detonar protestas populares que pudiesen crecer y generar condiciones adversas y para la aprobación de las reformas mencionadas. Incesantemente partieron de Bucareli hacia estados y municipios las órdenes tajantes de no generar ruidos ni turbulencias, a pesar de que hubiese excesos o provocaciones de parte de grupos opositores (...) Ciertas amarras parecen haber sido soltadas luego de que se consiguieron esas autorizaciones legislativas. Pareciera que ahora, cuando ya no es tan necesario cubrir las apariencias, EPN estuviese dispuesto a actuar conforme a sus motivaciones reales, a demostrar que mantendrá su diseño reformista al costo que sea y que aplicará mano dura en cuantos casos sea necesario. Sería la inauguración del neoatenquismo, es decir, la irrupción del verdadero espíritu represor que en el estado de México tuvo como momento cumbre las acciones policiacas contra pobladores opuestos a la construcción de un aeropuerto federal en sus tierras. Espíritu retadoramente reivindicado por Peña Nieto frente a un auditorio estudiantil de la Iberoamericana que le era altamente crítico”v.
El movimiento estudiantil politécnico surge en respuesta a un intento de reforma interna cuya característica fundamental es el adelgazamiento del modelo educativo del IPN. Una reforma silenciosa pero de envergadura justo en el momento en el que se discute un programa especial de formación de capital humano en los ámbitos energético y de telecomunicaciones. Nadie que conozca el estilo de este gobierno podría negar que la reforma impulsada por Yoloxóchitl Bustamante era, en realidad, una iniciativa del gobierno federal; una suerte de experimento para medir las posibilidades de una reforma de amplio horizonte en el subsistema de educación superior.
La premisa de este proyecto es que el modelo debe adecuarse a las necesidades de la economía y en el caso particular del IPN a las necesidades de las reformas energética y de telecomunicaciones. La actual estructura de la educación superior responde a un proyecto nacional que ya no existe: el que emergió de la revolución mexicana y que se inspiró en un profundo programa social. La reforma que se pretendió en el IPN habría sido el primer intento consistente por modificar el paradigma histórico de la educación superior en México.
El experimento en el IPN permite, por lo menos, tres conclusiones preliminares: Primera, Yoloxóchitl Bustamante no actuó de motu propio al impulsar la reforma al Reglamento Interno del IPN ni al modificar los planes de estudio de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura; segunda, la reforma se cayó por la falta de pericia política y por una visión errática que minimizó la capacidad de organización y respuesta de la comunidad estudiantil; y, tercera, de cualquier manera la reforma a la educación superior se llevará a cabo porque es una de las condiciones para el éxito del modelo reformista del Presidente.

En la UNAM algunas escuelas y facultades han iniciado sendos proceso de modificación a sus planes y programas con dos vectores. La presunción en el gobierno federal es que muchos de los problemas de la coyuntura se dan porque los gobernadores de los estados los dejan crecer. Tres hipótesis podrían explicar la tesis de la desestabilización: la primera, que la administración del presidente Enrique Peña Nieto ha llegado a su nivel de incompetencia; la segunda, que en los hechos registrados en los últimos días -Tlatlaya, Iguala, Michoacán, etcétera- haya un patrón general de ingobernabilidad alimentado desde los sótanos del poder por los grupos que, o bien tienen reservas con la reforma energética que privatiza todo el proceso de valor del petróleo o bien reclaman un nuevo reparto del juego político nacional; y tercera, que el caos sea parte de la estrategia: 1) para desviar la atención de la Ronda Uno de la reforma energética; 2) para mostrar el verdadero rostro de un régimen que no tolerará que la fase de implementación del modelo reformista sea trastocado por grupos de oposición; y, 3) para mandar un mensaje de autoridad y centralidad política.
I Hernández López, Julio, Astillero en La Jornada. México, septiembre 29, 2014, p.-4.
II Ibidem, p.-4.
III Enrique Peña Nieto, presidente de México, citado por Salvador García Soto. Véase: Serpientes y Escaleras en El Universal. México, octubre 4, 2014. p.-5.
IV Sánchez Susarrey, Jaime, Prioridad 5 en Reforma. México, octubre 04, 2014, p.-9.
V Ibidem, p.-4.









