Cuauhtémoc Blas
Lo más limpio que puede tenerse de una elección en México es que ya no se haga fraude en las casillas. Que no haya las llamadas urnas embarazadas. Incluso ni operación tamal o carrusel. O sea desayunos-tamalizas para de ahí se lleven a los comensales a votar. O el franco acarreo de votantes.
El acarreó sigue dándose en algunos lugares. Aunque se ha comprobado que a veces los acarrean para que voten por el contrario. Lo que ahora predomina es operar las últimas semanas antes de la votación. Los "estímulos" a los votantes en efectivo. Claro, eso quienes tienen recursos, quienes no los tienen o buscan jugar limpio, como debe ser, no lo hacen y pierden. Jugar limpio está bien, pero no saber jugar a las elecciones, con las técnicas de un proceso electoral de competencia y combate no parece nada bien.
El empedrado camino de la derrota
No sirve de mucho presentarse ante los votantes de la manera más sincera como independiente o de abanderado de un partido opositor, sin las herramientas de la competencia actual, cierto manejo de imagen o de marketing, con el conocimiento del medio, algunas encuestas, y con una herramienta ineludible: la estrategia, además de contar con algunos recursos económicos, al menos para “vestir la ciudad” con su propaganda y propuestas generales, como dicen los mercadólogos.












