Cuauhtémoc Blas
El proceso electoral que vivimos (¿o sufrimos?) puede realmente transformarse en un auténtico fastidio. A falta de políticos con cierta preparación, cualquiera se lanza como sea. Sin plan, sin estrategia, pero creen que ya lo saben todo en política.
Nadie les dijo que “un proceso electoral es eminentemente un proceso de comunicación”. Uno no se explica cómo es que lograron ser candidatos. A veces trasciende que por ser familiares de los dirigentes de partidos, o consentidos del gobernador, o amantes de algún pesado, o francamente le pagaron a Avilés, a Amador Jara, a Carol Antonio o a Raymundo Carmona.
La palabra “cualquiera” la usamos acá para designar a quienes no tiene la suficiente preparación política, como lo hacen patente y público. Y como son públicos y públicas nos ocupamos de ellos para lamentar nuestra indigencia (otra más) en liderazgos y dirigencias.
Ya hemos hablado de los importantes, de los que quieren ser gobernador y de los que hemos dicho no hay a quién irle (http://revistaenmarcha.com.mx/columnas/cronicas-de-la-insula/1902-2016-04-19-00-36-55.html) Pero faltaban los candidatos a diputados y a presidentes municipales, que ya han asomado cabeza.












