Cuauhtémoc Blas
Cuando escribimos esto se dan las escaramuzas frente a la ciudad administrativa del gobierno de Oaxaca. No se exagera si apuntamos que ahí se empieza a decidir finalmente el éxito o retraso de esta política pública federal, “la reforma educativa”. La Sección 22 del SNTE de Oaxaca constituye el 70 por ciento de la membrecía de la opositora gremial CNTE, esto es, la mayor fuerza para buscar abollar dicha política pública.
Tanto la Sección 22 como el gobierno federal llegaron a la coyuntura de sus límites. El segundo porque aunque quisiera ya no puede ceder irresponsablemente como antes. La élite dirigente de la S 22 porque se juega, con esta primera fase de la evaluación educativa, su existencia. Si el gobierno federal logra evaluar ahora y en lo sucesivo a un número considerable de profesores, se alza con el triunfo; si la S 22 logra impedirlo, pospone su agonía.
Se preguntará algún lector (alguno habrá) por que no incluimos acá al gobierno de Oaxaca; la respuesta es, por ser un ente simplemente inocuo. Si el gobierno federal no lo hubiera invitado ( ¡ ) a combatir a la S 22, hoy seguiría subordinado a esa camarilla de poder fáctico que tanto lo maltrató y exhibió. Los funcionarios de ese gobierno seguirían de tiempo completo sin distracción dedicados a lo único que los inspira, amasar fortunas privadas con recursos públicos.
Muy lejos está hoy la camarilla dirigente de la S 22 de imponer sus caprichos como antes, apenas está ahora para sobrevivir. La 22 como Sección del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) no desaparecerá, es obvio. Quienes pueden perder sus privilegios y mina de oro es esa camarilla, por eso han cerrado filas; por eso se juntaron agua y aceite de ex dirigentes que ven en inminente peligro su mina de oro.












