Cuauhtémoc Blas
Algunos dirigentes del movimiento de afrodescendientes de Oaxaca están conscientes que luchan no sólo contra los gobiernos estatal y federal que prácticamente los ignora, tampoco cuentan con quienes se han “distinguido” por ser luchadores por los derechos de las minorías, sobre todo dentro del movimiento indigenista.
Es claro que los grupos étnicos han contado con la mayor atención de los gobiernos después de la revolución, en éstos grupos se cristalizó la ideología del nacionalismo mexicano que tiene su esencia en el mestizaje indio-español. En esta visión justificadora, sólo se aceptó ese mestizaje.
Visión corta y limitada. El mestizaje fue más amplio, aunque la presencia de los traídos de África y esclavizados en la Nueva España fue poca —si acaso el 2 por ciento de la población de la Colonia— la mezcla con las otras poblaciones, blanca e indígena, fue no sólo natural sino producto de una necesidad sexual.
Estudios de Gonzalo Aguirre Beltrán, pionero y clásico del tema, establecen que al haber pocas mujeres españolas y pocas negras, la relación sexual entre españoles e indígenas, negros e indígenas, y mestizos y mestizas de toda laya con negros y negras fue intensa. De ahí la importancia de lo que se ha llamado la tercera raíz, la negra.
En México pronto nada quedó de la raza negra pura, hoy los afrodescendientes son mestizos, aun con rasgos africanos. Es fácil percatarse de esa raíz. El gran número de mexicanos de piel oscura —aun sin rasgos africanos— es testimonio de ello.












