.- La tragedia de Jamiltepec
Cuauhtémoc Blas
La tragedia de Jamiltepec en la Costa de Oaxaca ilustra de nuevo la falta de capacidad de nuestros gobiernos para enfrentar los desastres naturales. Suceden los sismos, las inundaciones y siempre estamos en los mismos comienzos. Desastres cuyos daños se ven acentuados por gobiernos improvisados y una población mayoritariamente pobre, que es la más vulnerable, al carecer de capacidades económicas y de información para prever sobre su seguridad.
Población que desconoce los reglamentos de construcción, ni tiene para pagar a un arquitecto que le brinde asesoría y buena técnica para hacer sus casas. Se construye de manera improvisada, un par de estancias, si después crece el hijo hay que pegar un cuarto al lado, o si se casa hay que hacer otra estancia encima. No hay cimientos que respondan al nuevo peso, y se abren puertas y ventanas debilitando la construcción.
Los desastres no son democráticos
De ahí que se diga que los desastres no son democráticos, no afectan a todos por igual. Pero no sólo es la pobreza económica, también ese otro tipo de pobreza que es lo educativo-cultural hacen mella en las poblaciones. Es el costo de la falta de cierta ilustración, de la verdadera que sirve para vivir o sobrevivir, con información técnica, científica, no la demagógica de la que hacen gala los vividores del indigenismo. Esos cantan loas a las tradicionales fiestas de los zapotecas del Istmo de Tehuantepec, donde se gastan 300 mil pesos en un sarao o fiesta de varios días, pero sus casas las construyen de la manera más precaria, sin planificación, sin atender el reglamento de construcción, con lo más barato.









