Cuauhtémoc Blas
Casi todas las profesiones que deberían tener un alto reconocimiento social, pasan por lo contrario en México. El maestro cuyo trabajo se veía como una misión casi sagrada, hoy está en los peores índices de reconocimiento. No es difícil escuchar la réplica de “yo sí trabajo”, cuando le dicen a alguien “maestro”.
Lo mismo pasa con el médico, quien antes junto con el profe, el cura y el abogado eran la autoridad del pueblo. Profesiones todas hoy con fuerte descrédito. Del profe ya comentamos, del médico o “matasanos” lo menos que se dice es que “entierra sus errores”; del abogado el que no transa no avanza, y del cura que es vividor y pederasta.
Por supuesto que son generalizaciones, aunque bien se puede hallar lo excepcional. Lo mismo pasa con el policía. Una encuesta de hace un par de años en la Ciudad de México arrojó que éste era al último a quien los ciudadanos dejarían la llave de su casa para resguardarla en vacaciones. Otra encuesta, ésta realizada en Centroamérica, dio como resultado que sólo un par de mecánicos entre una centena dieron un diagnóstico real a la reportera que andaba en un auto con unos sencillos cables desconectados a propósito.












