Cuauhtémoc Blas
En Oaxaca se puede constatar en estos días lo que dice Murice Joly, que “la política es territorio del diablo”, en una metáfora para ubicarlo entre las peores expresiones humanas, en contraste con lo que debería ser, la mejor actividad de los ciudadanos para resolver sus problemas sociales. En vez de acercarnos a estados de tranquilidad, una vez remontada la intensa etapa electoral, seguimos en la violencia.
Las balaceras dónde cayeron candidatos y candidatas a puestos de elección popular, constituyen los peores precedentes en la vida política estatal, y siguen. En Juchitán hubo asesinatos que aún no se aclaran, y no tiene para cuando. En Pochutla el antiguo cacique local, Raymundo Carmona, también pasó por esto. Perdió la elección finalmente. No será presidente por cuarta ocasión.
En San Pedro Mixtepec (Puerto Escondido) el señor de horca y cuchillo que casi se reelige en el cargo de presidente municipal, Fredy Gil Pineda, desató un pleito con Santa María Colotepec unos días antes de la elección del 1 de julio, en un lance posibilitado extrañamente por jueces del estado, presentó una controversia constitucional para desalojar oficinas de Colotepec de terrenos que ambos reclaman y que aún están en litigio. Con ello, denunciaron los de Colotepec, buscaba ganar las simpatías de los votantes de su municipio. Hoy está siendo impugnado por múltiples irregularidades en el proceso electoral y su elección podría caer.













