Cuauhtémoc Blas
En medio de la vorágine del proceso electoral que padecemos, varias instituciones son campo de batallas políticas. Una es la Secretaría de Salud cuyo personal sigue movilizado después de haber derrotado un intento de revisión de los vicios sindicato-patrón, desde que Martín Vásquez arrancó la contratación anárquica de miles de empleados, como fue mostrado por el más reciente secretario de Salud que fue forzado a renunciar.
Queda claro el temor del gobierno a los poderosos sindicatos y sus dirigentes. Grupos que abrevaron de los métodos de la Sección 22 de obtener sus exigencias a partir de acciones de presión extremas, sin importar la magnitud del daño a la población de la entidad.
En Salud, ¿fuego amigo?
Los empleados de Salud cultivan esos métodos, con los que aún mantienen cerradas unidades médicas. Si ya el secretario General de Gobierno, Anuar Mafud, declaró que no hay aviadores y que todo quedó atrás, ¿acaso no podrían dar tregua a tanta gente que necesita atención y abrir todos los servicios? Sus demandas podrían tener hasta razones justas, pero perjudican demasiado a personas que necesitan servicios urgentes que no puede pagar.
Pero no les importa la salud de las personas, esencia del trabajo por el que les pagan. Si tuviéramos estadísticas al respecto, sin duda veríamos un ascenso en los indicadores de defunciones de oaxaqueños. En este campo de batalla, dentro del proceso electoral fuego amigo habría fomentado la agitación.












