Los delegados de gobierno, junto con los administradores municipales, se constituyeron en una casta política especial durante los años de gobierno estatal priista. Los delegados con la descentralización de la administración pública federal y de grandes sumas de recursos, sobre todo con Carlos Salinas de Gortari y Heladio Ramírez, como gobernador de Oaxaca, manejaron recursos de programas de desarrollo que nunca se vieron realmente con resultados productivos.












