Friday, 08 de May de 2026
Libro: OAXACA, Insula de Rezagos
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COLUMNAS >> Humor Oaxaque帽o

Humor

Pir贸mano y abonero

Un tal Yariu Urias Piu, hace un par de d茅cadas prendi贸 fuego al palacio municipal de su pueblo y huy贸, se refugi贸 en las c谩lidas tierras del Istmo donde hall贸 hospitalidad de sobra: negocios, cargos p煤blicos, la liberalidad que ha hecho famosa a esa tierra con sus Intr茅pidas y hasta una buena mujer. Muy contento estaba el pir贸mano en esas tierras, donde empez贸 a acumular cierta fortuna, siempre atr谩s, pegado a su amo y socio tehuano.
Lo mejor que encontr贸 Yariu fue ese gran c贸mplice con quien dio rienda suelta a todos sus talentos. Taimado negociante, sab铆a c贸mo complacer a su amo y socio. Sin embargo, no todos los turbios negocios que hac铆a desde el cargo p煤blico que su amo y socio le dispensara iban viento en popa, pues desde que la clientela del Valle resent铆a la crisis, pocos pod铆an pagarle las plazas de bur贸cratas que vend铆a.
Ante tal situaci贸n urdi贸 un plan innovador: vender las plazas en abonos. Su consigna era que nadie se fuera sin dejar un billete. Pero c贸mo la crisis arreciera y los compradores de plazas dejaron de plano de pagar, Yariu tuvo que enfrentar el disgusto de su amo y socio que lo cuestion贸.
鈥斅犅 驴Qu茅 pas贸 perrito, ya no tenemos plazas y no veo claro? 驴C贸mo me explicas eso? 驴Qu茅 ha pasado? 驴No me estar谩s llevando al baile de las Intrepidas?
鈥擭o, nada de eso, dijo sudoroso el pir贸mano y abonero. Le tengo una mala noticia pero tambi茅n una buena amo. Es que he dado puro fiado esas plazas y la mayor铆a no me pag贸.
鈥 驴Y la buena?
鈥 La buena es que se las di caro.

 

 

Humor

Por llevarme la contraria

por_llevarme_la_contraria
Un diputado federal oaxaque帽o, conocido como 鈥淓l Aspirina鈥, realizaba un tr谩mite en un banco del centro de la ciudad de Oaxaca acompa帽ado de su esposa (ferviente admiradora del candidato de la coalici贸n al gobierno estatal).
Hab铆a poca gente, por lo que tranquilamente esperaban su turno. De repente, un torvo sujeto que portaba una pavorosa pistola calibre 45 irrumpi贸 y al grito de 鈥溌sto es un asalto!鈥, amenaz贸 a las cajeras, quienes le entregaron gruesos fajos de billetes.
El bandolero not贸 que uno de los clientes lo miraba atentamente y, sospechando que聽 delatara sus caracter铆sticas, ya que no llevaba m谩scara, lo confront贸 fieramente:
鈥斅煤 que viste, wey!
鈥擸o, yo, este鈥 yo 鈥攂albuce贸 asustado el pobre hombre. El criminal, sin esperar m谩s, le apunt贸 a la cara y le dispar贸, cayendo muerto el individuo.
De inmediato se acerc贸 al diputado priista:
鈥擸, 驴t煤 que viste cabr贸n? 鈥擜 lo que el legislador contest贸 tranquilamente y luego se帽al贸 a su mujer:
鈥斅縔o?, no vi ni madres鈥 pero esta, vio todo鈥 y es bien chismosa!

 

Humor

El pendejo de Belceb煤

Odiseo Ruz visit贸 la tierra de la mortal Sandunga (a eso la hab铆a reducido Belceb煤 Santos). El gobernador sab铆a de las tropel铆as del presidente religioso, y para congraciarse con el electorado en tan importante 茅poca realiz贸 una magna reuni贸n en el campo de beisbol.
鈥擜poyen a mi delf铆n 鈥攍os areng贸鈥, y les prometo otro r铆o grande y un mercado bonito.
鈥擭o Odiseo 鈥攍e grit贸 una tehuana grandota鈥. Mejor constr煤yenos un parque, 隆porque ese pendejo de Belceb煤 el que ten铆amos ya lo hizo mercado!

 

Humor

Burrecil y su auto incre铆ble

Cuando H茅ctor Burrecil era joven, su familia era muy pobre. Ya un poco mayor (mucho antes de ser due帽o de negocios y de incursionar en la pol铆tica), con esfuerzos pudo comprar un carro viej铆simo que se ve铆a peor porque nunca lo lavaba.
Un d铆a, con varios amigos, entre ellos Gir谩n Cadavera, se fueron a tomar una chelas a Las Salinas del Marqu茅s (sin 鈥渮鈥, por favor). Ya cerca de la cantina, Burrecil estacion贸 su carcacha; sus amigos bajaron y se dirigieron al antro. H茅ctor tardaba, por lo que Gir谩n Cadavera regres贸 a buscarlo y lo hall贸 muy concentrado en poner gruesas cadenas con candados alrededor de aquella ruina de auto.
鈥斅o mames Burrecil! 鈥攊ncrep贸 Gir谩n 鈥斅柯ui茅n madres se va a robar este piche carro viejo!?
鈥擭o eso wey 鈥攄ijo muy apenado el futuro presidente de Salinabaches鈥. Es que como est谩 tan viejo, 隆algunos cabrones lo agarran pa鈥 ca鈥abacear!

 

Humor

El sue帽o monumental de H茅ctor Burrecil

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El presidente de Salina Baches, Hector Burrecil, quer铆a dejar constancia de su paso por la alcald铆a de los salinabachienses, por lo que le pidi贸 al gobernador聽 Odiseo Castro Ruz que le otorgara dinero para hacer una estatua a la entrada del puerto (de paso se carrancear铆a una lanita pa鈥 su vejez). Le iba a exigir聽 a su compadre y c贸mplice Gir谩n Cadavera que esta obra la hiciera con buenos materiales para que no se cayera como la de los cuatro carriles que construy贸 y se le cayeron tres veces.
鈥擬ire mi gober 鈥攍e dec铆a a Odiseo鈥. Se va a ver bien chida la estatua de una sirena del mar, con su chichis al aire, 驴no jefe? Nom谩s deme siete millones y mi compadre Gir谩n la hace barata.
El gobernador miraba pensativo el espacio que Burrecil le se帽alaba. Entrecerr贸 los ojos y le extern贸.
鈥擳ienes raz贸n, ah铆 se ver铆a bien un monumento.
H茅ctor, se qued贸 frustrado, sinti贸 que su sue帽o se esfumaba, pero dijo obsequioso:
鈥擥ueno, chif, pero鈥 encima del monumento ponemos la sirena, 驴no?

 

Humor

El hacedor de vida o Belceb煤 Santos el Demiurgo

Belceb煤 Santos, presidente istme帽o famoso por su problema de Alzheimer (no recordaba d贸nde dejaba el dinero del pueblo), hab铆a asistido a un congreso de bautistas en la zona de Mixteca. Despu茅s de la reuni贸n de los hijos de Dios, el profesor de la 22, abord贸 su lujosa camioneta y, buscando un atajo, tom贸 un camino equivocado de regreso a la naci贸n del Istmo.
Despu茅s de dar muchas vueltas por caminos vecinales, sin hallar ni un campesino (todos hab铆an venido a la capital apoyar a Gabino Cu茅), consumi贸 toda la gasolina, por lo que angustiado ante el desierto mixteco, se sent贸 a un lado de la camioneta cubri茅ndose del sol inclemente
Un poco despu茅s acert贸 a pasar por el lugar una hermosa monja de la orden de las Capuchinas Frapp茅, quien montaba un humilde borrico. Belceb煤 Santos la detuvo y apel贸 a los sentimientos samaritanos de la religiosa para que lo llevara a un lugar civilizado. La monja accedi贸 y Belceb煤 se mont贸 en el asno tras ella, que gimi贸 ante el peso (el edil siempre carga cien centenarios pa鈥 lo que se ofrezca).
No hab铆a transcurrido ni media hora de camino cuando, sin avisar, el borrico cay贸 al suelo, como dicen que caen los fulminados por un ray贸.聽 Pasado el susto,聽 la joven聽 religiosa y el tramposo, se sentaron en una roca plana bajo un gran mezquite, no muy lejos del asno. Platicaron de varios temas y, ya en confianza, el profesor le dijo que 茅l nunca hab铆a visto los pechos de una mujer, y que ser铆a muy feliz y de gran bondad para ella si le permitiera ver los suyos. La monja titube贸 unos instantes y, abriendo su traje, le ense帽o sus enormes y bellos senos, al tiempo que le dec铆a que ella tampoco hab铆a visto un sexo masculino.
Ni tardo ni perezoso, Belceb煤 se baj贸 los pantalones y le mostr贸 el suyo y la anim贸 a que lo agarrara. La Capuchina lo hizo, lo cual casi colm贸 la lujuria de Belceb煤, quien le su聽 surr贸 emocionado:
鈥斅縎abes que si yo la meto puedo dar vida?
La monja sonri贸 ampliamente y le dijo contenta:
鈥斅ues m茅tesela al burro pa鈥 pode irnos de aqu铆, wey!

 

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Humor Oaxaque帽o

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